teatro de la vida

La vida

Se abre el telón: nacemos, comienza la función: vivimos, se cierra el telón: morimos.

Todos pasamos por estos tres pasos en el camino de la vida, todos y cada uno de nosotros “representamos una función”, ¿o quizás varias?

El Coaching va de hacer-nos preguntas, pero no preguntas cualquiera que cumplan una mera función conativa o de contacto superficial, sino más bien, preguntas que son la llave de nuestra sabiduría interior; a través de ellas, las posibilidades de la conexión con la vida, con lo que somos incrementan exponencialmente a su capacidad para provocar en nosotros la reflexión, y por lo tanto el autoaprendizaje así como el desaprendizaje.

Al nacer ya lo tienes todo contigo porque lo eres todo, a medida que vas creciendo, vas aprendiendo por la interacción con tu entorno, mediante tus experiencias, la observación de las personas relevantes para ti… y vas conformando tu universo particular, “comienzas a vivir tu propia función”, llegando a desempeñar papeles que en ocasiones te resultarán irrisorios o insospechados que pudieras llegar a desempeñar…¡¡¡quién me iba a decir a mi que…!!!, puedes completar la frase como tú elijas…¿te suena de algo?

Y si, la vida va de elegir, nos pasamos el día a día haciendo elecciones que son lo que conforman nuestra experiencia, ¡ojo!, la no-acción también es una elección. Llega un punto en el que la función comienza a no serte divertida, te aburres, no sabes cuál será la próxima escena, quizás ya no tengas un papel de protagonista sino más bien te das cuenta de que llevas un tiempo desempeñando papeles de actor secundario, sufres, te desorientas… hasta que llega el momento en el que ni los aplausos del público que hasta ahora tanto te reconfortaban te sientan bien.

Decides parar, pasar a las “bambalinas”, quedarte ahí, durante un tiempo sigues observando la escena desde atrás, como un mero espectador que no reconoce su propia obra… estás en la oscuridad, pero no puedes desprenderte de ella, porque en realidad…eres ella.

Esa parte de ti comienza a resultarte incómoda y tratas de escapar: “saltas” de nuevo a escena, haces una intervención brillante y te retiras, otra vez la oscuridad duele, vuelves a interpretar un nuevo papel en la escena para recuperar tu posición de actor principal, el protagonista… hasta que te das cuenta de que todos tus esfuerzos son en vano, es como si una fuerza desconocida te arrastrara hacia las bambinas… y te rindes.

Te rindes ahora si DE VERDAD, es decir, hay una aceptación completa por tu parte de abrazar tu oscuridad, lo comprende tu mente, lo siente tu cuerpo, lo quiere tu alma.

Y es ahí donde empiezas a conectar contigo mismo, donde tú y sólo tú eres el único protagonista de tu vida, donde ella y tu situación vital se alinean porque te das cuenta de que son dos cosas diferentes y a la vez son una sola.

Y desaprendes el camino andado hasta ahora, integras tus anteriores papeles- tanto los principales como los secundarios- en todo tu ser, permitiendo que la autenticidad, el amor y la sencillez que caracterizan tu esencia ganen en luz y brillen con más fuerza.

Y ya no tienes que forzarte para salir a escena, de “repente” todo fluye, ya todo es lo mismo, las bambalinas, el teatro, el patio de butacas, los palcos… todo es uno.

Y es fácil, cómodo y placentero.

Bienvenido al “teatro de tu vida”


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