Ser el amor

Siempre me gustó esta época del año. “Los Santos”, eran para nuestra familia y amigos un momento de reunión, acercamiento, recogimiento; y si, también de celebración.

Una forma de celebrar que estábamos vivos y que nos acercábamos un poquito más de cerca a nuestros muertos: ir a misa, al cementerio, escuchar el responso, comprar las flores para honrarles con nuestro cariño… eran sólo algunas de las actividades que realizábamos.

En Castilla y León, durante la década de los 60, fueron muchas las familias que tuvieron que emigrar a las grandes ciudades y la mía no se escapó de esta situación; con lo cual, nuestros abuelos vivían en la localidad de origen y los demás miembros de la familia “desperdigados” por toda España.

Era un motivo de alegría volver a vernos después de las vacaciones de verano, los santos eran “un pequeño oasis” hasta que llegara la Navidad para volver a reencontrarnos, donde disfrutar con amigos y familiares de lo esencial.

Lo esencial: saber quién eres y de dónde vienes, cuáles son tus raíces, y las de tus antepasados, conectar con lo más sencillo de la vida que es en definitiva la consciencia de la vida y la muerte, de la conexión entre todos y de la convivencia unida por valores compartidos de respeto, silencio y amor… sobretodo amor vestido de compasión (acompañamiento en la emoción) de los que en el último año habían despedido a sus seres queridos.

Este año faltas tú, abuela, la persona más generosa que he conocido en mi vida, atenta, cariñosa y amable con todo el mundo. Siempre haciendo alarde al significado de tu nombre Eutimia… de buen corazón, de buen ánimo”, y así fue hasta que la enfermedad que se apoderó de tu ánimo y de tu alma decidió arrebatártelo hace muchos años hasta que hace unos meses te apagaras definitivamente.

ser

¿Definitivamente?, ¡eso nunca sucederá!, porque vives a través de tus hijas, nietos y bisnieta que siempre, con nuestra actitud, trataremos de honrarte en tu bondad.

Esta era una época en la que hacíamos cosas juntas, en especial los “huesillos de santos”, unos dulces exquisitos por su sencillez y sabor a amor, que sólo se comían en estos días.

Para mí siempre será una alegría que vivirá en mi corazón, me siento afortunada por haberte conocido y por haber aprendido de ti el valor de la bondad.

Por todos los años en los que íbamos juntas a misa, al cementerio y a comprar los ingredientes para hacer “los huesillos”, por todo lo que nos has regalado… ¡GRACIAS ABUELA POR SER EL AMOR!