familia unida idcoach

“Aquello a lo que permanecerás unido para siempre”

Dicen que “nada es para siempre”, “que todo tiene un comienzo y un final”, “que todo lo bueno termina”… y así un largo etc, ¿os suena de algo?

Pues bien, existe una relación que permanecerá unida, viva, para siempre: la de los padres con los hijos y viceversa, independientemente de lo que suceda entre los padres; ahora bien, la vida no es cuestión de qués sino de cómos”, y de esto va este post, tomando consciencia de ello y actuando de modo coherente a lo que somos, una separación puede ser el inicio de una nueva forma de relación familiar más sana, completa y satisfactoria para todos.

Una familia es un sistema que se evoluciona, crece y se desarrolla junto, los cambios en una parte del sistema tienen consecuencias en las otras partes, lo mismo ocurre si cambian las relaciones entre unas partes y otras… todos en su conjunto lo van a sentir y van a experimentar cambios a su vez. Con una familia que está inmersa en un proceso de separación sucede lo mismo: hay un cambio en la manera de relacionarse entre los padres que va a repercutir en los hijos; y el cómo lo hagamos, es lo que determinará el resultado del proceso.
¿Qué podemos hacer para que la separación no tenga consecuencias graves en nuestros hijos?. El Coaching nos ayuda a tomar consciencia de dónde estamos para saber a dónde queremos llegar, favoreciendo el desarrollo de soluciones creativas a las situaciones que nos preocupan, a definir objetivos y a trazar planes de acción para lograrlos:

1º: Tomar consciencia de que el amor es lo primero: los hijos nacen como fruto del amor que un día sintieron los padres. Ser conscientes de ello y de que aunque los padres se separen (es decir, su forma de relacionarse entre si va a cambiar), siempre van a estar unidos a sus hijos, sintiendo amor por ellos de forma incondicional, es el primer paso para pasar a definir objetivos en común pensando en el bienestar de la familia en su conjunto.

2º: Definir un objetivo en común: conectando con el amor compartido hacia los hijos como punto de partida, pensando en su bienestar y felicidad, lo que hará que el comportamiento de los padres parta de un estado emocional potenciador que facilite el respeto, la confianza y el flujo del proceso como algo natural, satisfactorio.

3º: Trazar el plan de acción: teniendo siempre presente en nuestra mente y corazón el objetivo común, definiendo los objetivos de proceso- pequeños pasos a dar necesarios para lograr la separación exitosa- que nos acerquen de forma conjunta al objetivo final o meta.

4º: Diseñara una “alianza” entre ambos de cómo nos gustaría que fuera la nueva relación que se inicia con el fin de la etapa del matrimonio, donde los hijos se sientan amados, respetados y parte de la familia.

5º: Compromiso por parte de ambos de llevar a cabo el plan de acción respetando la alianza.

Resumiendo:

“Los niños han de sentir que sus papás no se están separando de ellos y que les aman incondicionalmente”

Emoción

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