Vergüenza … VER lo que no quieres VER

¿Quién no ha dicho alguna vez “tierra trágame”, se ha puesto “rojo como un tomate” o ha experimentado “vergüenza ajena”?

Pues bien, a pesar de ser expresiones que decimos y/o escuchamos habitualmente en nuestro entorno y que denotan que la vergüenza es una emoción de lo más común, no solemos prestarle atención.

Las emociones no son algo contra lo que luchar ni que haya que superar, todo lo contrario: comprender y abrazar como parte de nuestro ser.

Cuando las aceptamos, escuchamos y sabemos qué es lo que tienen que decirnos, es decir, las hacemos conscientes, nos responsabilizamos de ellas e incrementamos nuestro poder personal.

Con la vergüenza sucede lo mismo que con las demás emociones; ahora bien, es una emoción compleja que suele presentarse junto con emociones diferentes: ira, culpa, miedo… haciendo que en muchas ocasiones sea una gran desconocida a pesar de estar presente en nuestro día a día con mayor o menor intensidad, sintiéndola en nuestra propia piel e incluso en la de los demás.

¿Es miedo?, ¿es vergüenza?, ¿es ansiedad?, aprende a reconocer lo que estás sintiendo y a ponerle nombre.

Esto sucede porque es una emoción de las denominadas “sociales”, que aprendemos a experimentar en interacción con los demás; en este caso, el entorno cultural, educativo… en el que hemos crecido y el contexto actual en el que vivimos como sociedad influyen en la experiencia emocional.

rubor

“Rojo como un tomate”

Ni buena ni mala… es información

Y para saber cuál es su mensaje la presencia es fundamental: observar la vergüenza cuando haga su aparición y convertirnos en su observador.

Trae valiosa información sobre cuáles son tus límites, así que no escondas tus debilidades y  trabaja en ellas para que se conviertan en fortalezas.

Tus debilidades no son defectos, son áreas de mejora y oportunidades de crecimiento.

Pongamos un ejemplo: estás de viaje en el extranjero, necesitas hablar en otro idioma para comunicarte y tienes un pensamiento como este: “Me da vergüenza hablar en inglés” , ¿qué crees que sucederá?, responde tú mismo a la pregunta…

Con la vergüenza tu respuesta fisiológica es similar a la del miedo: activación del organismo para responder de forma eficiente ante la amenaza: atacar, salir huyendo o quedarte paralizado. Pregúntate qué te dice tu cuerpo, toma la información y ya sabes… ¡”ponte las pilas” con el inglés a partir de septiembre!, se trata de HACER algo ÚTIL y de aprender de la emoción.

Su relación con el amor

Es una emoción íntimamente unida con la autoestima y la autocreencia, la confianza en tus capacidades y el sentirte merecedor de amor por ser como eres, valorado y aceptado, hace referencia a la dimensión intra-personal de esta emoción.

La paradoja se da en que cuanto menos quieres ver lo que te avergüenza de ti, más se va intensificando… ¿la consecuencia?, el riesgo de entrar en un círculo vicioso de emociones y pensamientos limitantes de tu conducta y por lo tanto, de tu calidad de vida.

Evitar sentir es comenzar a sufrir

Es por ello que prestar atención a la vergüenza es vital para aprender de ella y evitar que pueda llegar a convertirse en un obstáculo en tu vida.

amor“Detrás de la vergüenza”

¿Qué hay detrás de la vergüenza?

Como ya conoces, a veces la vergüenza se presenta asociada a otras emociones, saberlas identificar y comprender te ayuda a gestionar la emoción, por ejemplo:

_El miedo a meter la pata, es decir, a equivocarte, lo que te limita a la hora de pasar a la acción y hacer las cosas que deseas.

_ La culpa del motivo por el que sientes vergüenza.

¿Cómo aprender a verla?

El primer paso es comprenderla y saber que es una emoción compleja que suele ir de la mano con otras emociones como el miedo, la ira y la culpa, en ocasiones puedes llegar a sentirte culpable por aquello de lo que te avergüenzas, te callas y lo ocultas, y así lo intensificas porque llegas a creer que vas a sufrir menos, tu ego empieza a hacer de las suyas generando pensamientos de juicio y castigo… ¡tu diálogo interno comienza a ser autodestructivo!

Tiene que ver con esconder y su transmutación viene por mirar lo que no quieres ver.

Ante esta situación es vital tomar consciencia de la situación interna, “quitarte la venda de los ojos” y pasar a la acción cambiando tu diálogo interno- que es el responsable de la experiencia– tiene que ver con tu ego que juzga, compara y castiga las “partes” de ti que menos le gustan.

Tu forma de interpretar lo que está sucediendo es la llave de entrada a tu bienestar interior.

Otra forma es prestar atención a las respuestas que provoca en tu cuerpo, como por ejemplo el rubor. Ya que cada emoción tiene asociada en nuestro organismo una respuesta fisiológica con el objetivo de que éste se adapte al medio y a las circunstancias para afrontar rápidamente aquellas situaciones que han desencadenado esas emociones.

Este verano toma consciencia del mundo que te rodea así como de tu mundo interior, pilla tus pensamientos limitantes y date cuenta de cómo influyen en tus resultados, a partir de ahora te será más sencillo elegir tus pensamientos y tu comportamiento comenzará a cambiar.

Para finalizar, te propongo que reserves un espacio para ti y te dediques tan sólo diez minutos al día para “redescubrir” tu mundo interior, en verano solemos coger unos días de vacaciones y hacer viajes, salir de la rutina… aprovecha para incluir de forma sencilla el nuevo hábito de viajar hacia tu interior con placer… al fin y al cabo, vives contigo mismo las 24 horas del día los 365 días de año… ¿te conoces?

¡FELIZ VERANO!